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martes, 26 de agosto de 2014

¿Qué es la Bursitis Trocantérica o Trocanteritis?

Primero hay que aclarar qué es una bursa (o bolsa serosa). Una bursa es una almohadilla  que se encuentra en las articulaciones, y que sirve como protección a los tendones y los músculos contra el roce de las superficies prominentes de los huesos, es decir, las bursas son como pequeños amortiguadores que están en las articulaciones.
La bursa trocantérea está situada en el lado lateral de la cadera, justo al lado de donde tenemos el bolsillo del pantalón. Cuando esta bursa se inflama, genera dolor, dando lugar a la trocanteritis.



Es más frecuente en mujeres (típicamente entre los 40-60 años, aunque se puede ver a cualquier edad). También se suele ver en arqueros de fútbol por el excesivo roce.

Síntomas

Ocasiona dolor en el lado externo de la cadera, al pararse, al caminar y al subir o bajar escaleras. Es típico el dolor a la palpación en el trocánter mayor. Generalmente, el paciente refiere que no puede dormir sobre ese lado. El dolor puede irradiar al glúteo y por la cara lateral del muslo.


Diagnóstico

El examen físico es muy importante, la rotación externa e interna de la cadera es dolorosa, así como la palpación directa sobre el trocánter. Se debe hacer el diagnóstico diferencial con artrosis de cadera.
Se pueden solicitar estudios complementarios en casos crónicos o para descartar otras patologías. La radiografía simple de cadera sirve para ver si existe artrosis. Otra opción, cuando no hay respuestas al tratamiento, es hacer una Resonancia Magnética, para estudiar la cadera y confirmar el diagnóstico de trocanteritis. También es útil para ver si no existe patología asociada en los tendones rotadores de la cadera que se insertan en el trocánter mayor (como el desgarro del glúteo medio).

Factores predisponentes

- Obesidad
- Pie plano
- Cirugías previas (prótesis de cadera, fracturas)
- Dismetría de miembros (piernas de diferente longitud)
- Exceso de actividad física
- Patologías de columna
- Artrosis de Cadera

Tratamiento

Cuando es aguda, se suele tratar con antiinflamatorios, hielo local y ejercicios de elongación. Luego puede considerarse la posibilidad del tratamiento kinésico.
A veces, es una patología que puede tardar meses en curarse.
De persistir la dolencia, no se descartan las infiltraciones.
Una terapéutica relativamente nueva y con muy buenos resultados es el plasma rico en factores de crecimiento.

Es extremadamente rara la opción quirúrgica.



Hasta la próxima.

Dr. Leandro Nuñez 


jueves, 31 de julio de 2014

Artrosis de Rodilla

La rodilla es una de las articulaciones del cuerpo humano en la que con más frecuencia se desarrolla artrosis, ya que es una articulación de carga que tiene que soportar a diario el peso del cuerpo al permanecer de pie, subir escaleras, caminar o correr.

La artrosis de rodilla o gonartrosis es una enfermedad crónica que se caracteriza por el deterioro paulatino del cartílago articular. Este desgaste se traduce en aparición de dolor al realizar actividad física, incluso para caminar y permanecer de pie, así como a la deformidad progresiva de la rodilla.


Causas

Hay una artrosis de rodilla de causa desconocida. Es la llamada artrosis de rodilla primaria. La salud del cartílago articular depende de unas células que hay dentro de él, los condrocitos y del hueso en el que se apoya, el hueso subcondral.

Una alteración de los condrocitos y del hueso subcondral conduce a la pérdida de las propiedades de resistencia a la presión y elasticidad del cartílago, que se va deteriorando y adelgazando.

La artrosis está relacionada con el envejecimiento, ya que es una enfermedad propia de la gente mayor de 50 años. Probablemente ciertos condicionantes genéticos aún no aclarados conducen a que algunas personas desarrollen, a partir de determinada edad, cambios degenerativos en el cartílago articular. Otras veces la artrosis de rodilla se produce como resultado de una lesión o anomalía previa de la articulación. Es lo que se conoce como artrosis de rodilla secundaria. Se observa tras lesiones meniscales, de los ligamentos o del hueso articular, tras fracturas óseas intraarticulares, en articulaciones que están siendo sometidas a un sobreesfuerzo importante (deportistas, obesos), o de personas con alteraciones en la longitud de los miembros inferiores o del alineamiento de la rodilla.


 Síntomas

La artrosis de rodilla se manifiesta inicialmente con dolor tras realizar alguna de estas actividades: estar mucho tiempo de pie o caminando, subir y bajar escaleras, caminar por terrenos irregulares o levantarse de una silla. Conforme avanza la enfermedad, cada vez duele antes al comenzar a caminar o al estar de pie. Tras estar un rato sentado el paciente nota rigidez y dolor al intentar levantarse.

A veces la rodilla aparece inflamada y caliente. Esto ocurre ocasionalmente porque la membrana sinovial produce líquido sinovial en exceso y por eso la rodilla aparece tumefacta.

Diagnóstico

La artrosis se diagnostica mediante la realización de una adecuada historia clínica –entrevista con el paciente–, una exploración de las articulaciones y la solicitud de radiografías.

No hacen falta análisis especiales de laboratorio para diagnosticar la enfermedad aunque pueden ser necesarios algunos exámenes para descartar otros procesos que pueden simular una artrosis de rodilla y para asegurar que se pueden dar las medicinas con escaso riesgo para el organismo.

También puede requerirse una RMN (Resonancia Magnética) para ver si existe además una osteonecrosis u otras lesiones asociadas.


 Tratamiento

Se basa en una serie de medidas que se deben tener en cuenta:

- Control o pérdida de peso si existiera obesidad.

- Ejercicios de rehabilitación para fortalecer y mantener los músculos de la extremidad.

- Tratamiento farmacológico: los analgésicos y los antiinflamatorios ayudan a aliviar el dolor y reducir la inflamación.

- Aplicación de hielo.

- Ayuda con el uso de un bastón si fuera necesario, para descargar el peso del cuerpo sobre la rodilla. 

- Tratamientos locales: Algunos productos administrados dentro de la articulación mediante una infiltración producen un notable alivio sintomático. Estos productos son los corticoides y el ácido hialurónico según criterio del especialista.

- Los tratamientos de tipo biológico como los Factores de Crecimiento o Plasma Rico en Plaquetas podrían ayudar en la detención del avance de la artrosis. Esta terapia es mínimamente invasiva y permite una rápida cicatrización y regeneración de tejido afectado sin ingreso hospitalario ni intervención quirúrgica.  



- Posibilidades Quirúrgicas: A veces, a pesar de todas las medidas terapéuticas descriptas, la artrosis de rodilla puede seguir su curso inexorable hacia la destrucción prácticamente completa del cartílago hialino. En estos casos, diferentes técnicas quirúrgicas como las osteotomías (pocas indicaciones) o la implantación de prótesis articulares, restaura la capacidad funcional y reducen notablemente el dolor. Estoy totalmente en desacuerdo en la realización de artroscopía, o las llamadas “limpiezas artroscópicas” en pacientes mayores con artrosis, es una agresión que no ofrece muchas mejoras, incluso está descripta la posibilidad de desarrollar una osteonecrosis luego de la artroscopía. No es infrecuente la consulta de pacientes de 60 años con el diagnóstico de rotura meniscal (y artrosis avanzada) que se le indica una artroscopía…Error!!! Ese paciente probablemente empeore luego de la intervención. Su lesión meniscal es producto de la artrosis, no de un traumatismo…El tratamiento para ese paciente debe ser otro.


 Recomendaciones generales:
1.     Caminar en superficies regulares y con calzado adecuado para recuperar la masa muscular y disminuir el peso corporal.
2.     Realizar ejercicios posturales, y de ser necesario apelar a ayudas ortésicas.
3.     Evitar la inmovilidad que puede acelerar y empeorar el curso clínico.
4.     Las contracturas establecidas requieren ejercicios intensos u otras medidas ortopédicas.
5.     Usar calzado normal y deportivo con buena sujeción para el talón y el arco longitudinal.
6.     Evitar los asientos bajos o reclinables de los que resulta dificultoso levantarse.
7.     No cargar grandes pesos pero continuar con su vida normal física y laboral.

El paciente con artrosis es un enfermo crónico, tendrá características especiales que lo diferencian del resto de la población. Padecerá dolor siempre de mayor o menor intensidad, limitación funcional discreta o invalidante, cambios notables del carácter, depresión, autocompasión o dependencia. Por eso, mi visión es la de ofrecer siempre una opción terapéutica que dé resultados en lo posible definitivos, dependiendo de la edad y actividad del paciente.

Hasta la próxima.

Dr. Leandro Nuñez 

www.caderacirugia.com.ar

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El famoso Espolón

Este es un tema de otra subespecialidad (Pie y Tobillo), pero como traumatólogo no se la puede desconocer.
Muchas veces he escuchado en el consultorio: “Doctor, me duele el talón. ¿No será el espolón?”…Vamos a intentar aclarar un poco este tema.
La talalgia (dolor del talón) es una de las causas de consulta más frecuentes en Traumatología. La mayoría de las veces es provocada por una Fascitis Plantar.
La fascitis plantar es una inflamación en la fascia plantar, que es el ligamento que une el talón con la parte delantera del pie y que recorre la planta del pie. Es habitual que la inflamación se produzca en la parte baja del talón, en la inserción de la fascia plantar. La lesión se puede calcificar creando un espolón calcáneo, conocido así porque en las radiografías se identifica claramente un espolón óseo. Esto es así debido a la perspectiva de las radiografías, que se toman desde el lateral del pie (Radiografía de perfil).
El espolón calcáneo no causa necesariamente dolor en el talón. De hecho, casi el 30% de la población sufre esta lesión, aunque sólo un grupo reducido siente molestias. En realidad el dolor es causado por la inflamación, por lo que se puede tener dolor sin calcificación.


 Causas

La fascitis plantar se produce habitualmente por una sobrecarga gradual y progresiva de la fascia plantar, y los factores que predisponen a su aparición son:
- Exceso de carga en el pie causada por correr largas distancias, especialmente en terrenos desfavorables con pendientes pronunciadas o superficies desiguales. El empleo de un calzado inadecuado, con la suela demasiado blanda o una sujeción deficiente del arco plantar o del talón, puede tener las mismas consecuencias.
- Pies planos o excesivamente arqueados.
- Exceso de peso.
- Presencia de un tendón de Aquiles tenso.
- Debilidad del músculo sóleo, que es un músculo situado en la pantorrilla por debajo del gemelo. Este músculo es el encargado de la flexión de la planta del pie, de modo que si se encuentra alterado, el paciente tratará de corregir la falta modificando su paso y pudiendo provocar así otro tipo de lesiones.
-       Edad: a medida que envejecemos la fascia plantar va perdiendo elasticidad. A esto se suma que la musculatura que participa en el movimiento del pie también a perdiendo su fuerza, y su capacidad de regeneración disminuye. Además, la capa de grasa presente en el talón, y que amortigua gran parte del impacto recibido por el pie, también disminuye, favoreciendo la aparición de lesiones en la fascia.

Síntomas

El síntoma más común es el dolor y la rigidez en la parte inferior del talón. El dolor allí puede ser sordo o agudo. La planta del pie también puede doler o presentar ardor.
El dolor generalmente es peor:
- En la mañana cuando usted da los primeros pasos.
- Después de pararse o sentarse por un rato.
- Al subir escaleras.
- Después de actividad intensa.
El dolor puede aparecer de manera lenta con el tiempo o aparecer repentinamente después de una actividad intensa.

Diagnóstico

El examen físico y el diagnóstico en general para este trastorno son bastante sencillos. El traumatólogo buscará evidencias de hinchazón, enrojecimiento de la zona y sensibilidad a la presión en el talón.


En algunas ocasiones, si el dolor es muy intenso, pueden tomarse radiografías o una Resonancia Magnética para descartar otro tipo de lesión, pero por lo general no suele recurrirse a este tipo de técnicas.


 Tratamiento

El tratamiento para la fascitis plantar es simple y por lo general bastante efectivo, aunque suele tardar varios meses en resolverse, por lo que se debe mantener el tratamiento hasta la remisión del dolor (al menos durante tres meses). Las dos medidas principales son la administración de antiinflamatorios y la recomendación de ejercicios de estiramiento para el talón.
Además de esto, existen otras medidas que también pueden realizarse en casa:
 - Poner hielo en la zona afectada, al menos dos veces al día, durante 10 o 15 minutos.
 - Descansar lo máximo posible para evitar esfuerzos extras al pie.
 - Usar calzado adecuado, con una buena sujeción y amortiguación.
 - Usar talonera de silicona.


Otra opción, si no resuelve con estas medidas, es hacer una infiltración con corticoides.
Últimamente estamos utilizando el plasma rico en factores de crecimiento como una opción viable para casos rebeldes.

En los casos más graves, puede ser necesario recurrir a la cirugía. Este procedimiento se requiere en muy pocas ocasiones, y consiste simplemente en desprender la fascia del talón.

Hasta la próxima.


miércoles, 16 de julio de 2014

Epicondilitis o Codo de Tenista

La epicondilitis, también conocida como codo de tenista, es una lesión bastante común causada por un sobreuso excesivo o sobrecarga del codo. Recibe su nombre debido a que los jugadores de tenis son particularmente propensos a esta lesión. Pero muchas otras actividades físicas, incluyendo el tenis, paddle, hockey, handball, básquetbol, bicicleta, uso de una máquina elíptica, etc., pueden causar o agravar la epicondilitis. Todo aquello que conlleva uso repetido del miembro superior puede causarlo, sea con deporte o no.



La epicondilitis es una enfermedad o lesión caracterizada por dolor en la cara externa del codo, en la región del epicóndilo. Está provocada por movimientos repetitivos de extensión de la muñeca y supinación del antebrazo, lo que ocasiona microrroturas fibrilares y reparación inadecuada a nivel de los tendones de los músculos que se insertan en la región del epicóndilo, principalmente del tendón del músculo extensor radial corto del carpo. Hay que diferenciarla de la epitrocleítis, también llamada epicondilitis medial o codo de golfista, en la que el dolor se localiza en la porción interna del codo.


Causas

La epicondilitis es causada por la contracción de los músculos del antebrazo en repetidas ocasiones, un movimiento que se puede realizar en muchos deportes y en numerosas situaciones de la vida diaria. Es una patología muy relacionada también con profesiones que requieran este movimiento, así es en pintores, plomeros, mecánicos, administrativos, personal sanitario, etc.
Las personas que manipulan herramientas de más de 1 kg de peso o de cargas de 20 kg o más al menos diez veces al día o cualquier profesión asociada a movimientos repetidos de extensión y giros de la muñeca están expuestas a esta dolencia.
En los deportes de raqueta algunos errores técnicos pueden contribuir al daño de la musculatura: realizar el golpe de revés con el codo flexionado, colocarse de frente y no de lado, tener una raqueta de un peso, diámetro de empuñadura o tensión del cordaje, inadecuado.
Es infrecuente, pero esta lesión también puede debutar como consecuencia de traumatismos provocados por accidentes como un golpe o una caída.


Síntomas

El dolor en el codo es una de las primeras señales indicadoras de una epicondilitis. Suele ser un dolor fuerte y agudo que generalmente empeora con el tiempo y se extenderá a lo largo del brazo desde el codo hasta la muñeca. En muchos casos, el dolor se intensifica cuando se realiza el gesto de “agarre”, como cuando se abre una puerta o darle la mano a alguien, elevar una silla, abrir un frasco. También suele asociarse la pérdida de fuerza al sujetar objetos, unido al dolor descrito.


Tratamiento

Hasta aproximadamente el 95% de las personas con epicondilitis pueden ser  tratadas sin necesidad de cirugía. Lo primordial es darle reposo al brazo. Todas aquellas maniobras o deportes que provoquen dolor deberán evitarse durante el período que demande la curación.

Pueden requerirse durante algún período medicamentos para reducir el dolor, aplicar frío después de actividades que lo desencadenan y calor en época subaguda o cronicidad. También ortesis tipo cinchas del codo colocados 2-3 cm distales al punto doloroso ayudan para realizar tareas y descargar el punto doloroso. 



Todo esto acompañado de fisioterapia (ultrasonido, electroterapia, láser, técnicas de masaje, realización de ciertos ejercicios) para ayudar a recuperar la fuerza del brazo puede lograr que pasados unos meses se recupere.

En ocasiones, la infiltración o inyección local de corticoides asociados o no a un anestésico local pueden resolver los episodios de dolor durante semanas o meses, en ocasiones se realizan 3 infiltraciones sucesivas con intervalos de una semana entre ellas. Existe un pequeño riesgo de rotura local de la inserción del tendón y del propio tendón. Este riesgo aumenta en función del número de infiltraciones. 
En la actualidad las infiltraciones con PLASMA RICO EN FACTORES DE CRECIMIENTO están dando buenos resultados en el tratamiento de esta patología, buscando regenerar las fibras dañadas.


Cirugía

Son pocos los casos que terminan en cirugía pero si todo lo anteriormente expuesto como tratamiento no lleva a la mejoría tras aproximadamente 9-12 meses, el único remedio puede ser la cirugía para tratar la patología.
En general, se puede empezar a usar el brazo con normalidad alrededor de cuatro a seis meses después de la cirugía.

Nuestra recomendación, teniendo en cuenta que la mayoría de los pacientes son deportistas, es realizar terapia física y 3 aplicaciones de plasma rico en plaquetas.




Hasta la próxima.

Dr. Leandro Nuñez

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viernes, 4 de julio de 2014

Tratamientos con Ácido Hialurónico

La infiltración de ácido hialurónico (AH), también denominada viscosuplementación, tiene el objetivo de disminuir el dolor articular y mejorar el estado funcional de la articulación artrósica o degenerativa, más particularmente, la rodilla.


Introducción

A pesar de que la artrosis es la afección del sistema musculoesquelético de consulta más frecuente, su manejo es aún controvertido dado los múltiples enfoques disciplinarios que involucra. Se considera  que el 30% de la población entre 30 y 64 años y 85% de los mayores de 65 años tienen signos radiográficos y manifestaciones clínicas de artrosis.
La artrosis se produce por el desequilibrio entre la síntesis y la degradación de los componentes de la matriz del cartílago hialino. Empieza afectando a la capa más superficial del cartílago haciendo que pierda su capacidad de retener agua y de mantenerse hidratado perdiendo su capacidad de resistencia.
El segundo proceso más importante es la inflamación que aparece y contribuye de manera notable a la progresión del proceso artrósico.
Estos cambios repercuten en la viscoelasticidad del líquido sinovial, con el consecuente impacto negativo en la biomecánica del cartílago articular, volviéndolo vulnerable a la compresión, tensión y cizallamiento durante el desarrollo de la función articular.




¿Qué es el ácido hialurónico?

El ácido hialurónico es una sustancia viscosa y elástica que normalmente fabrica la articulación y que compone el líquido sinovial. En su estado normal, este líquido es muy rico en ácido hialurónico, y lubrifica las superficies cartilaginosas y las protege de los golpes. Durante la artrosis, el líquido sinovial pierde ácido hialurónico, lo que hace al cartílago más vulnerable a las fuerzas de fricción y compresión.
Una rodilla sana contiene dos mililitros de líquido sinovial, con una concentración de AH de 2.5 a 4.0 mg/ml. En la artrosis, la concentración se reduce de la mitad a un tercio del valor normal.
El AH regula las diferentes actividades celulares a través de receptores específicos e interacciones con la matriz extracelular. Es por ello, que la inyección intraarticular de AH debería, teóricamente, contribuir a restaurar las propiedades del líquido sinovial protegiendo a la articulación artrósica del deterioro.


Infiltraciones con Ácido Hialurónico

Se utiliza para recuperar la viscoelasticidad del líquido sinovial que se pierde en el proceso artrósico y hace que el cartílago esté más desprotegido hasta para los pequeños traumatismos de la vida diaria.
El principal objetivo es mejorar las condiciones de la articulación evitando el rozamiento articular y descargando al hueso subcondral de la presión aumentada por la pérdida del cartílago hialino, por lo que se consigue un alivio sintomático del dolor y mejora la función articular.
Mejora la lubricación articular, mantiene la separación de las superficies articulares actuando como un relleno de apoyo viscoelástico y amortigua la carga en beneficio de la integridad del cartílago.


Indicaciones

Se utiliza en pacientes con articulaciones que presentan cambios degenerativos, artrosis o afectación del cartílago. Su uso más extendido es la rodilla aunque se va acrecentando la utilización en cadera, tobillo y hombro.
Cada vez más en deportistas de alto nivel con condropatía rotuliana u otras localizaciones, estas infiltraciones suponen otra herramienta para mejorar su funcionamiento, así como en pacientes que quieren intentar alternativas menos invasivas independientemente de su estadio clínico.


¿Cómo se administra?

El tratamiento suele consistir en inyecciones que se administran con distinta frecuencia dependiendo de la concentración y la marca. La primera vez puede sorprender la sensación de la aguja en la rodilla, pero no es más molesta que el pinchazo de un análisis de sangre. Sus efectos no son inmediatos.
Los beneficios empiezan a notarse aproximadamente un mes después de la primera inyección y duran unos seis meses. Al final de este período, si médico y paciente consideran que el resultado ha sido bueno, se puede repetir el tratamiento.
Pero, aunque los síntomas mejoren, el ácido hialurónico no cura la artrosis. Puede mejorar la lubricación de la articulación y la capacidad de amortiguación, pero no restaura el cartílago dañado. Por ello, conviene recordar que no es un sustituto sino un complemento de otros tratamientos y recomendaciones.



Particularmente, prefiero combinar la infiltración de AH con el Plasma Rico en Plaquetas, para mejorar los resultados a largo plazo, máxime en los casos de artrosis incipiente.

Hasta la próxima. 

Dr. Leandro Nuñez

www.caderacirugia.com.ar
@drleanunez

viernes, 6 de junio de 2014

Tratamiento con Plasma Rico en Plaquetas

El plasma rico en plaquetas (PRP) es una novedosa herramienta terapéutica de naturaleza autóloga que ha surgido con fuerza en los últimos años debido a mediáticos éxitos terapéuticos en deportistas de élite. Famosos jugadores profesionales de fútbol americano, Tiger Woods, Xavi o Rafael Nadal, entre otros, deben, en parte, sus “milagrosas” recuperaciones deportivas al empleo de este tratamiento. El PRP es un tratamiento bastante destacado en los congresos de Traumatología y Medicina Deportiva en los que, a pesar de la controversia que suscita, progresivamente despierta un creciente interés debido a su supuesta eficacia y aparente inocuidad.

Nadal necesitó del PRP para tratar sus rodillas
Existen opiniones de expertos a favor y en contra del uso de esta terapia.
Su objetivo terapéutico comprende eminentemente las tendinopatías y entesopatías crónicas, si bien su abanico de indicaciones está en continua expansión aplicándose con éxito a múltiples dolencias, entre ellas, a la artrosis de rodilla. Su relativo bajo costo, su fácil manejo, su utilidad en procesos patológicos esquivos a los tratamientos convencionales y su aparente inocuidad hacen del PRP una seductora alternativa terapéutica a considerar en el arsenal terapéutico.

Acción
El PRP debe su interés terapéutico al papel decisivo de las plaquetas en el proceso de curación y reparación de la herida tisular. Este papel reparador no está relacionado con las plaquetas por sí mismas sino, más bien, con los factores de crecimiento (FC) liberados por sus gránulos α, poseedores de múltiples propiedades. La reparación de la herida tisular es un proceso complejo en el que coexisten, secuencial y solapadamente, una gran variedad de funciones celulares como la quimiotaxis, la angiogénesis, la proliferación celular, la formación de matriz extracelular y la acción “limpiadora” macrofágica. Estas funciones forman un complejo entramado en el que clásicamente se distinguen 3 fases relativamente bien diferenciadas: inflamación, proliferación y remodelado.

Preparación
El PRP se define como una fracción del plasma centrifugado que contiene una concentración de plaquetas unas 5 veces superior a la de la sangre periférica.
La preparación consiste en la extracción de sangre del paciente, centrifugación de la muestra y separación de la fracción con plasma y concentrado de plaquetas. Siempre se separan las células rojas. Se extraen aproximadamente 20-30ml de sangre periférica que se centrifuga a 3.200 revoluciones por minuto durante 15min. El resultado son aproximadamente 2-3ml de plasma enriquecido en plaquetas.



El preparado de PRP puede aplicarse como infiltración local, como infiltración intraarticular o como gel de fibrina rico en plaquetas, siendo esta última forma más sólida y más frecuentemente utilizada en quirófano.

Indicaciones
La terapia con PRP ha sido aplicada en Traumatología a lesiones de todos los tejidos del aparato locomotor: hueso, ligamento, cartílago, músculo y tendón. Se aplican con frecuencia en las roturas de tendones, las tendinopatías crónicas, las lesiones musculares, las lesiones focales del cartílago, la artrosis, las lesiones de ligamentos y las fracturas y pseudoartrosis.
Las dosis y regímenes de administración varían en función de la dolencia a tratar. En el caso de tendinopatías crónicas, la literatura parece consensuar una única administración para epicondilitis, tendinitis aquiliana y fascitis plantar. Sin embargo, serán 3 consecutivas (una cada 2 semanas aprox.) cuando se trate de una tendinopatía rotuliana crónica. Para tratar la artrosis de rodilla, la mayoría de los autores coinciden en que el número idóneo de aplicaciones en estos casos debe ser 3; sin embargo, no existe unanimidad acerca del intervalo de administración, reportando buenos resultados tanto con una periodicidad semanal, como trisemanal. También es muy útil en las patologías del hombro.
Se pueden considerar como contraindicaciones la trombocitopenia, los tratamientos anticoagulantes, el cáncer, la infección activa o el embarazo. El proceso es muy seguro, no se han publicado efectos adversos importantes, pero pueden existir las complicaciones locales secundarias a cualquier infiltración. El riesgo de infección es mínimo, debido a la actividad bactericida del plasma, pero deben extremarse las medidas de asepsia.

Aplicación en codo para paciente con "codo de tenista".

Conclusiones
El PRP es una novedosa herramienta terapéutica que cuenta con argumentos a favor y en contra para su uso. Sus defensores ponderan entre sus máximas virtudes su naturaleza autóloga como garantía de inocuidad y de un excelente perfil de seguridad.
Los detractores refieren que aún no hay estudios realizados que confirmen su eficacia.
Creo que, dada la inocuidad y seguridad del tratamiento, es una opción válida a tener en cuenta si otros tratamientos han fracasado o para retrasar una cirugía. Es importante que el profesional médico ofrezca una adecuada explicación sobre el tratamiento y de las expectativas, a veces desmedidas, del paciente.
El mayor peligro en las nuevas terapias es el uso extendido a cualquier patología. En cada paciente se debe evaluar el tipo de lesión y valorar la posibilidad de éxito de las múltiples herramientas que tenemos a nuestra disposición para tratar la misma.


Hasta la próxima.