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martes, 26 de agosto de 2014

¿Qué es la Bursitis Trocantérica o Trocanteritis?

Primero hay que aclarar qué es una bursa (o bolsa serosa). Una bursa es una almohadilla  que se encuentra en las articulaciones, y que sirve como protección a los tendones y los músculos contra el roce de las superficies prominentes de los huesos, es decir, las bursas son como pequeños amortiguadores que están en las articulaciones.
La bursa trocantérea está situada en el lado lateral de la cadera, justo al lado de donde tenemos el bolsillo del pantalón. Cuando esta bursa se inflama, genera dolor, dando lugar a la trocanteritis.



Es más frecuente en mujeres (típicamente entre los 40-60 años, aunque se puede ver a cualquier edad). También se suele ver en arqueros de fútbol por el excesivo roce.

Síntomas

Ocasiona dolor en el lado externo de la cadera, al pararse, al caminar y al subir o bajar escaleras. Es típico el dolor a la palpación en el trocánter mayor. Generalmente, el paciente refiere que no puede dormir sobre ese lado. El dolor puede irradiar al glúteo y por la cara lateral del muslo.


Diagnóstico

El examen físico es muy importante, la rotación externa e interna de la cadera es dolorosa, así como la palpación directa sobre el trocánter. Se debe hacer el diagnóstico diferencial con artrosis de cadera.
Se pueden solicitar estudios complementarios en casos crónicos o para descartar otras patologías. La radiografía simple de cadera sirve para ver si existe artrosis. Otra opción, cuando no hay respuestas al tratamiento, es hacer una Resonancia Magnética, para estudiar la cadera y confirmar el diagnóstico de trocanteritis. También es útil para ver si no existe patología asociada en los tendones rotadores de la cadera que se insertan en el trocánter mayor (como el desgarro del glúteo medio).

Factores predisponentes

- Obesidad
- Pie plano
- Cirugías previas (prótesis de cadera, fracturas)
- Dismetría de miembros (piernas de diferente longitud)
- Exceso de actividad física
- Patologías de columna
- Artrosis de Cadera

Tratamiento

Cuando es aguda, se suele tratar con antiinflamatorios, hielo local y ejercicios de elongación. Luego puede considerarse la posibilidad del tratamiento kinésico.
A veces, es una patología que puede tardar meses en curarse.
De persistir la dolencia, no se descartan las infiltraciones.
Una terapéutica relativamente nueva y con muy buenos resultados es el plasma rico en factores de crecimiento.

Es extremadamente rara la opción quirúrgica.



Hasta la próxima.

Dr. Leandro Nuñez 


jueves, 31 de julio de 2014

El famoso Espolón

Este es un tema de otra subespecialidad (Pie y Tobillo), pero como traumatólogo no se la puede desconocer.
Muchas veces he escuchado en el consultorio: “Doctor, me duele el talón. ¿No será el espolón?”…Vamos a intentar aclarar un poco este tema.
La talalgia (dolor del talón) es una de las causas de consulta más frecuentes en Traumatología. La mayoría de las veces es provocada por una Fascitis Plantar.
La fascitis plantar es una inflamación en la fascia plantar, que es el ligamento que une el talón con la parte delantera del pie y que recorre la planta del pie. Es habitual que la inflamación se produzca en la parte baja del talón, en la inserción de la fascia plantar. La lesión se puede calcificar creando un espolón calcáneo, conocido así porque en las radiografías se identifica claramente un espolón óseo. Esto es así debido a la perspectiva de las radiografías, que se toman desde el lateral del pie (Radiografía de perfil).
El espolón calcáneo no causa necesariamente dolor en el talón. De hecho, casi el 30% de la población sufre esta lesión, aunque sólo un grupo reducido siente molestias. En realidad el dolor es causado por la inflamación, por lo que se puede tener dolor sin calcificación.


 Causas

La fascitis plantar se produce habitualmente por una sobrecarga gradual y progresiva de la fascia plantar, y los factores que predisponen a su aparición son:
- Exceso de carga en el pie causada por correr largas distancias, especialmente en terrenos desfavorables con pendientes pronunciadas o superficies desiguales. El empleo de un calzado inadecuado, con la suela demasiado blanda o una sujeción deficiente del arco plantar o del talón, puede tener las mismas consecuencias.
- Pies planos o excesivamente arqueados.
- Exceso de peso.
- Presencia de un tendón de Aquiles tenso.
- Debilidad del músculo sóleo, que es un músculo situado en la pantorrilla por debajo del gemelo. Este músculo es el encargado de la flexión de la planta del pie, de modo que si se encuentra alterado, el paciente tratará de corregir la falta modificando su paso y pudiendo provocar así otro tipo de lesiones.
-       Edad: a medida que envejecemos la fascia plantar va perdiendo elasticidad. A esto se suma que la musculatura que participa en el movimiento del pie también a perdiendo su fuerza, y su capacidad de regeneración disminuye. Además, la capa de grasa presente en el talón, y que amortigua gran parte del impacto recibido por el pie, también disminuye, favoreciendo la aparición de lesiones en la fascia.

Síntomas

El síntoma más común es el dolor y la rigidez en la parte inferior del talón. El dolor allí puede ser sordo o agudo. La planta del pie también puede doler o presentar ardor.
El dolor generalmente es peor:
- En la mañana cuando usted da los primeros pasos.
- Después de pararse o sentarse por un rato.
- Al subir escaleras.
- Después de actividad intensa.
El dolor puede aparecer de manera lenta con el tiempo o aparecer repentinamente después de una actividad intensa.

Diagnóstico

El examen físico y el diagnóstico en general para este trastorno son bastante sencillos. El traumatólogo buscará evidencias de hinchazón, enrojecimiento de la zona y sensibilidad a la presión en el talón.


En algunas ocasiones, si el dolor es muy intenso, pueden tomarse radiografías o una Resonancia Magnética para descartar otro tipo de lesión, pero por lo general no suele recurrirse a este tipo de técnicas.


 Tratamiento

El tratamiento para la fascitis plantar es simple y por lo general bastante efectivo, aunque suele tardar varios meses en resolverse, por lo que se debe mantener el tratamiento hasta la remisión del dolor (al menos durante tres meses). Las dos medidas principales son la administración de antiinflamatorios y la recomendación de ejercicios de estiramiento para el talón.
Además de esto, existen otras medidas que también pueden realizarse en casa:
 - Poner hielo en la zona afectada, al menos dos veces al día, durante 10 o 15 minutos.
 - Descansar lo máximo posible para evitar esfuerzos extras al pie.
 - Usar calzado adecuado, con una buena sujeción y amortiguación.
 - Usar talonera de silicona.


Otra opción, si no resuelve con estas medidas, es hacer una infiltración con corticoides.
Últimamente estamos utilizando el plasma rico en factores de crecimiento como una opción viable para casos rebeldes.

En los casos más graves, puede ser necesario recurrir a la cirugía. Este procedimiento se requiere en muy pocas ocasiones, y consiste simplemente en desprender la fascia del talón.

Hasta la próxima.


miércoles, 16 de julio de 2014

Epicondilitis o Codo de Tenista

La epicondilitis, también conocida como codo de tenista, es una lesión bastante común causada por un sobreuso excesivo o sobrecarga del codo. Recibe su nombre debido a que los jugadores de tenis son particularmente propensos a esta lesión. Pero muchas otras actividades físicas, incluyendo el tenis, paddle, hockey, handball, básquetbol, bicicleta, uso de una máquina elíptica, etc., pueden causar o agravar la epicondilitis. Todo aquello que conlleva uso repetido del miembro superior puede causarlo, sea con deporte o no.



La epicondilitis es una enfermedad o lesión caracterizada por dolor en la cara externa del codo, en la región del epicóndilo. Está provocada por movimientos repetitivos de extensión de la muñeca y supinación del antebrazo, lo que ocasiona microrroturas fibrilares y reparación inadecuada a nivel de los tendones de los músculos que se insertan en la región del epicóndilo, principalmente del tendón del músculo extensor radial corto del carpo. Hay que diferenciarla de la epitrocleítis, también llamada epicondilitis medial o codo de golfista, en la que el dolor se localiza en la porción interna del codo.


Causas

La epicondilitis es causada por la contracción de los músculos del antebrazo en repetidas ocasiones, un movimiento que se puede realizar en muchos deportes y en numerosas situaciones de la vida diaria. Es una patología muy relacionada también con profesiones que requieran este movimiento, así es en pintores, plomeros, mecánicos, administrativos, personal sanitario, etc.
Las personas que manipulan herramientas de más de 1 kg de peso o de cargas de 20 kg o más al menos diez veces al día o cualquier profesión asociada a movimientos repetidos de extensión y giros de la muñeca están expuestas a esta dolencia.
En los deportes de raqueta algunos errores técnicos pueden contribuir al daño de la musculatura: realizar el golpe de revés con el codo flexionado, colocarse de frente y no de lado, tener una raqueta de un peso, diámetro de empuñadura o tensión del cordaje, inadecuado.
Es infrecuente, pero esta lesión también puede debutar como consecuencia de traumatismos provocados por accidentes como un golpe o una caída.


Síntomas

El dolor en el codo es una de las primeras señales indicadoras de una epicondilitis. Suele ser un dolor fuerte y agudo que generalmente empeora con el tiempo y se extenderá a lo largo del brazo desde el codo hasta la muñeca. En muchos casos, el dolor se intensifica cuando se realiza el gesto de “agarre”, como cuando se abre una puerta o darle la mano a alguien, elevar una silla, abrir un frasco. También suele asociarse la pérdida de fuerza al sujetar objetos, unido al dolor descrito.


Tratamiento

Hasta aproximadamente el 95% de las personas con epicondilitis pueden ser  tratadas sin necesidad de cirugía. Lo primordial es darle reposo al brazo. Todas aquellas maniobras o deportes que provoquen dolor deberán evitarse durante el período que demande la curación.

Pueden requerirse durante algún período medicamentos para reducir el dolor, aplicar frío después de actividades que lo desencadenan y calor en época subaguda o cronicidad. También ortesis tipo cinchas del codo colocados 2-3 cm distales al punto doloroso ayudan para realizar tareas y descargar el punto doloroso. 



Todo esto acompañado de fisioterapia (ultrasonido, electroterapia, láser, técnicas de masaje, realización de ciertos ejercicios) para ayudar a recuperar la fuerza del brazo puede lograr que pasados unos meses se recupere.

En ocasiones, la infiltración o inyección local de corticoides asociados o no a un anestésico local pueden resolver los episodios de dolor durante semanas o meses, en ocasiones se realizan 3 infiltraciones sucesivas con intervalos de una semana entre ellas. Existe un pequeño riesgo de rotura local de la inserción del tendón y del propio tendón. Este riesgo aumenta en función del número de infiltraciones. 
En la actualidad las infiltraciones con PLASMA RICO EN FACTORES DE CRECIMIENTO están dando buenos resultados en el tratamiento de esta patología, buscando regenerar las fibras dañadas.


Cirugía

Son pocos los casos que terminan en cirugía pero si todo lo anteriormente expuesto como tratamiento no lleva a la mejoría tras aproximadamente 9-12 meses, el único remedio puede ser la cirugía para tratar la patología.
En general, se puede empezar a usar el brazo con normalidad alrededor de cuatro a seis meses después de la cirugía.

Nuestra recomendación, teniendo en cuenta que la mayoría de los pacientes son deportistas, es realizar terapia física y 3 aplicaciones de plasma rico en plaquetas.




Hasta la próxima.

Dr. Leandro Nuñez

www.caderacirugia.com.ar

https://www.facebook.com/drleandronunez